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Breve biografía de María Antonieta y su relación con Versalles

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María Antonieta y su relación con Versalles

María Antonieta nació el 2 de noviembre de 1755 en la ciudad de Viena. Hija de María Teresa de Habsburgo y de Fernando I de Lorena, cuyo matrimonio había conseguido unir ambas dinastías, era la penúltima de quince hermanos.

Al día siguiente la archiduquesa fue bautizada como María Antonia Josefa Juana en la iglesia de los Agustinos. Además de la tradicional predilección que tenía la Casa de los Habsburgo por el nombre de María, se decidieron también por el de Antonia, aunque en el ámbito familiar usarían su nombre francés, Antoine.

Durante su infancia la vida de María Antonieta transcurre con normalidad. Estaba muy unida a su hermana Carolina, con quien se llevaba tres años. La muerte de su padre, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y los celos de su hermana mayor, María Cristina (a la que llamaban Mimí), que gozaba del favor de su madre, marcaron de manera importante su vida.

Camino a Francia

El matrimonio de María Antonieta con Luis XVI fue producto del acuerdo llevado a cabo entre María Teresa, madre de la primera, y Luis XV, abuelo del segundo, con el deseo de unir la casa real francesa (Borbones) y la austriaca (Habsburgo). De este modo, tras renunciar a sus derechos sobre el trono austriaco, y con solo catorce años de edad, María Antonieta se casa con el delfín de Francia el 16 de mayo de 1770 en Versalles.

Al mes siguiente la corte se traslada a Fontainebleau; durante todo ese tiempo ninguno de los dos jóvenes ha consumado el matrimonio. Y esta cuestión comienza a preocupar tanto a Luis XV como a María Teresa. Aquejado de fimosis, Luis XVI se muestra incapaz de consumar el acto sexual, razón por la que se encierra en su habitación y rehuye sus encuentros conyugales. Tres años más tarde, los rumores sobre sus problemas de alcoba y la consiguiente ausencia de un heredero son una constante en Francia.

El 8 de julio de 1773 los delfines entran triunfantes en París, aclamado por un pueblo que asiste al paseo de la comitiva real. En su recorrido escuchan misa en Notre Dame y acuden a un espectacular almuerzo en las Tullerías. A pesar de esta alegría, los problemas por la falta de descendencia son patentes en la corte. Pero no solo preocupa la cuestión del heredero. La melancolía hace mella en la delfina, que comienza a acudir sola a los distintos eventos que se celebran el París, como los bailes de máscaras.

Se convierte en reina

El 10 de mayo de 1774 Luis XV, afectado de viruela, muere, cayendo el peso del gobierno de Francia en el joven Luis XVI, que, como manda la tradición, es coronado en la catedral de Reims.

Además de lidiar con los rumores que levantaban sus problemas conyugales, María Antonieta tuvo que comenzar a hacer frente a las críticas que su estilo de vida estaba comenzando a generar entre la población francesa. Sus salidas, que se reanudaron tras la ceremonia, y los excesivos gastos empezaron a ser cuestionados en la sociedad. A modo de ejemplo, el traje que llevó para la coronación de su marido, Luis XVI, había sido encargado a Rose Bertin e iba bordado con piedras preciosas, lo que ocasionó un excesivo gasto a su ya elevado presupuesto para vestuario, que incrementó con los tocados poufs  aux sentiments que puso de moda en Versalles.

Su imagen se resiente

El prestigio de la reina comienza a decaer, y hacia 1776 las críticas son tan crueles que María Antonieta decide reducir sus apariciones públicas por otras más privadas. De la mano de la princesa de Guéméné, descubre los juegos de azar, que se convierten en su nueva afición nocturna. La deuda que generan los juegos, así como el elevado tren de vida de los reyes, sigue en aumento. Cada vez son más los ministros que reprochan al monarca el derroche de Versalles y la escasa atención que María Antonieta le dedica a la corte.  Allí se siente vigilada, por lo que pasa muchas horas en el pequeño Trianon, un palacio que la reina tenía en Versalles.

Los problemas que desencadenan la sucesión de Baviera entre José II de Austria y Federico II de Prusia, y la defensa que de su hermano realiza María Antonieta en Versalles, y que la enfrenta con el ministro de Exteriores, Vergennes, hacen que desde ese momento se la bautice con el nombre de «la Austriaca».

La operación de fimosis de Luis XVI consigue que el matrimonio dé rienda suelta a su pasión, frustrada por el problema del rey.  Fruto de ello, el 19 de diciembre de 1778 nace su primera hija, la princesa María Teresa, que llevará el nombre de su abuela. El parto se convierte en un acto público, por lo que al mismo acuden todos los miembros de la familia real, así como altos dignatarios, que ocupan los sillones dispuestos alrededor del lecho.

La llegada de la princesa mantiene alejada de las salidas nocturnas a la reina durante unos meses, lo que no impide que su popularidad se recupere. El pueblo francés está enfadado porque María Antonieta se dedica a salir en lugar de buscar un heredero varón para el trono francés. Cada vez son menos lo nobles que acuden a Versalles, y los que lo hacen, la tratan con indiferencia.

El 22 de octubre de 1781 nace su segundo hijo, Luis José, que estaba llamado a suceder a su padre, Luis XVI. A pesar de la alegría, los costosos festejos organizados para celebrar el nacimiento del delfín son muy criticados por el pueblo, que no comprenden el derroche de la corona. Las críticas siguen en aumento. La princesa de Guéméné, al cuidado del príncipe heredero, se declara en bancarrota. Luis XVI y María Antonieta deciden ayudar a los príncipes de Guéméné con dinero del erario público, lo que levanta más ampollas ente la población, que no duda en tratar a la reina con frialdad cuando acude en compañía de sus hijos a los actos públicos de la capital. Además, debido a la vida ociosa que ha llevado la reina, y a los rumores sobre sus amantes, comienza a cuestionarse la paternidad de Luis José.

El reino se tambalea

El 27 de marzo de 1785 nace el tercer hijo de los reyes, al que llamarán con el nombre de Luis Carlos. Estando embarazada de su cuarto hijo, que nacerá el 9 de julio de 1786 y llevara el nombre de Sofía Elena Beatriz, María Antonieta sufre un episodio ante el Parlamento que supondrá el punto de partida de la agitación que años después acabará con su reinado. El asunto del collar, como se le conoce, involucró al cardenal de Rohan como consecuencia de un encargo a nombre de la reina, cuyo costoso pago se demandaba. Todo fue orquestado por Jeanne Valois de La Motte, que consiguió engañar al cardenal y al joyero Bohmer para que este último diseñara un caro collar para la reina. El joyero, viendo que no le pagaban, reclamó su deuda directamente a Versalles, y María Antonieta acusó al cardenal de Rohan de engaño. Finalmente, el Parlamento reconoció la inocencia del cardenal, así como el engaño de Jeanne Valois de La Motte y de su marido. Pero también demostró al pueblo que la reina no era digna de ocupar Versalles, más preocupada en fiestas y derroches que en gobernar Francia.

El odio del pueblo hacia la reina es absoluto, hasta tal punto de que la consideran la responsable de las desgracias que acechaban a la nación. María Antonieta recibe el apodo de «Madame Déficit». A finales de 1786 el estado se declara completamente agotado.

El continuo endeudamiento de la monarquía a causa del alto nivel de gastos de la reina llega a oídos del pueblo gracias a la «filtración» de Charles Alexandre de Calonne, Controlador General de Finanzas. El pueblo empieza a descubrir lo que gasta Versalles para el cuidado y manutención de los reyes.

Poco antes del fallecimiento de Sofía Elena Beatriz, María Antonieta comienza a ser consciente de su situación y de la posición en la que se encuentra su marido, Luis XVI, por lo que reduce sus actividades públicas y también los gastos que ello ocasiona. Loménie de Brienne, que sustituye a Calone, se ve obligado a enfrentarse al Parlamento en más de una ocasión para que apruebe la emisión de prestaciones que emitía el rey, sin conseguirlo. Las medidas que adopta para reducir el déficit originan una serie de pequeños levantamientos en la capital. Finalmente es cesado, y el monarca, ante la situación de bancarrota en la que se encontraba la corona, promete convocar los Estados Generales en 1788, declarándose incapaz de gobernar el país. Los Estados Generales no se convocaban desde 1614 y estaban formados por los tres grandes estamentos que componían la sociedad francesa, a saber: la nobleza, el clero y el tercer estado.

Ante esta situación, María Antonieta decide volver a llamar de nuevo a Necker, cuyas medidas levantarán muchas críticas entre los más allegados a los monarcas. El frío, el hambre y la subida del precio del pan vuelven a generar tensiones en el pueblo. El duque de Orleans, antaño habitante de Versalles, se coloca al frente de la oposición que desde muchos sectores de la sociedad se organizan contra los monarcas. Las revueltas que se forman en París se cobran las primeras víctimas mortales.

Además de los problemas en la corte, María Antonieta tiene que lidiar con el mal estado de salud del delfín. La enfermedad que lastraba el pequeño se agrava, lo que causa un gran dolor en la reina, que acude a menudo al palacio de Meudon a visitarlo. Finalmente, el 4 de junio de 1789, Luis José, el delfín de Francia, fallece.

Se acerca el fin

La situación de la corte es crítica. El 17 de junio el tercer estado se constituye en Asamblea Nacional e insta a la nobleza y al clero a que formen parte de ella. Tres días más tarde tiene lugar el juramento del Juego de Pelota, en el que los miembros del tercer estado juran no separarse hasta que no se aprobase una constitución. Ante la presión, el rey claudica y la Asamblea Nacional se convierte en Constituyente el 9 de julio. La reina no ve con buenos ojos la medida tomada por Luis XVI. La sustitución de Necker por el marqués de Breteuil es el detonante del levantamiento popular del 14 de julio y del consiguiente asalto a la Bastilla, lo que termina por resquebrajar los últimos cimientos que aún sustentaban la ya débil corona.

El clima popular se hace insostenible y el pueblo asalta Versalles. Luis XVI, María Antonieta y sus dos hijos huyen hacia París, instalándose en el palacio de las Tullerías, donde la reina se reúne con políticos para analizar el devenir de la revolución. Siendo conscientes del cariz que estaba tomando la situación, la familia real decide huir del país. Ataviados como una rica familia rusa, ponen rumbo a Varenne, pero allí son detenidos y obligados a regresar a la capital.

Allí son testigos de la evolución de los acontecimientos. Los revolucionarios, encabezados por los girondinos, deciden extender el espíritu revolucionario por toda Europa; la Asamblea Nacional, auspiciada por estos, declara la guerra al Sacro Imperio Romano Germánico. María Antonieta informa al embajador austriaco sobre los movimientos de los revolucionarios. El pueblo lo considera un acto de traición. El malestar general, y la publicación, el 25 de julio, de un manifiesto, redactado por el duque de Brunswick, en el que se amenazaba con destruir París si se atentaba contra los monarcas, generan nuevas reacciones violentas que obligan a los reyes a refugiarse en la Convención. Este episodio trágico acaba con el asalto a las Tullerías y el asesinato de la guardia suiza, que hasta ese momento custodiaba a los soberanos.

Encarcelamiento y muerte

María Antonieta es testigo del poder legítimo que tiene la Comuna, dirigida por los jacobinos. Los monarcas son llevados a la torre del Temple, convertida en prisión. El 21 de enero de 1793 será el último día en el que vea a su marido con vida. Tras el ajusticiamiento del rey, la reina y los miembros de la familia real hacen una genuflexión en señal de respeto ante el nuevo monarca de Francia, Luis XVII. El delfín se ha convertido en rey.

En agosto, María Antonieta es sometida a juicio por el Tribunal Revolucionario. Allí tiene que escuchar las acusaciones de su propio hijo, que, manipulado, relata episodios íntimos de la vida de su madre. Finalmente, María Antonieta es declarada culpable y el 16 de octubre muere en la guillotina. Antes le da tiempo a escribir la que será su última carta[1].

Tras enterrarse en el cementero de la Madeleine, sus restos reposan actualmente en la basílica de Saint Denis.

BIBLIOGRAFÍA

  • HABSBURGO, C. DE (2012). María Antonieta. Madrid: La esfera de los libros.

  • ZWEIG, S. (2012). María Antonieta. Barcelona: Editorial Acantilado.

[1] La misiva puede consultarse íntegramente en la preciosa publicación de  Stefan Zweig.

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